Un fantasma recorre elmundo, el fantasma del homosexualismo.
Es un fantasma agotado y rabioso, un cuerpo intangible y vistoso que ha recibido durante la historia del mundo la mayor cantidad de heridas y agesiones, que un pueblo pudiera tolerar o haya tolerado en la historia de la humanidad.
Todos los gobiernos y religiones del planeta se conjuran en silencio para ceder lo menos posible en la revindicación de los derechos de las personas LGTB.
No les importamos. Nos desprecian.
Somos la semilla estéril de una sociedad putrefacta y han decidido asignarnos la responsabilidad de su corrupción. No porque hayamos hecho algo para provocarla sino porque sono nuestra presencia basta para atentar contra su estado de bienestar y order. Somos una agresión su estatus de igualdad, una aberración de las leyes que su mundo cultural y civilizado ha signado siempre como justas. Somos una lacra social, un residuo de la naturaleza, el residuo de su idílica humanidad, de su bonanza intelectual, putrefacta y decadente.
Nuestro pueblo nunca tuvo patria.
Nuestro pueblo tuvo que huir hacia dentro de si mismo.
A nuestro pueblo se le ha negado existir siempre en nombre de la sensatez, del miedo, de la pobreza filosófica que le impusiera a occidente la filosofía judeo cristiana a la que se han afiliado, como cándidas ovejitas, todas las corrientes políticas y filosóficas de occidente; maniatando lo poco de libertad sexual que hubo en algún momento de la historia...
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